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San Salvador: pequeña gigante

Panorámica del Salvador del Mundo en San Salvador

En 1946 el escritor salvadoreño Julio Enrique Ávila llamó a El Salvador, en un ensayo, El pulgarcito latinoamericano. Hacía referencia a su geografía minúscula, apiñada en un recodo de la costa pacífica del centro del continente. No en vano, es el país más pequeño de la América continental: su superficie es de 21.041 kilómetros cuadrados y cabría 475 veces en el mapa de Canadá, su antípoda en cuestiones de tamaño.

Sin embargo, a pesar de esta aparente pequeñez, es una nación de grandeza histórica y cultural: su capital, por ejemplo, es la más antigua de Centroamérica. San Salvador, fundada en 1525, ha sido ininterrumpidamente desde la colonia española el epicentro político y económico de los salvadoreños.

Al oeste de la capital, como los dientes verdes y afilados de un gigante, se alzan las cumbres del volcán de San Salvador con sus 1893 metros de altura recortando el horizonte. Una visión que día a día acompaña a los 316.090 habitantes de la ciudad.

Atardecer en San Salvador con la vista del volcan

El volcán, vigilante, ha moldeado sus devenires y les ha transmitido las historias de erupciones que destruían casas, sepultaban calles y derribaban árboles una y otra vez. Pero la terquedad de los sansalvadoreños se impuso: han construido una ciudad de 72,5 kilómetros cuadrados que tiene 667 edificios (como el Teatro Nacional y la Plaza Libertad) declarados por el Gobierno como de interés nacional.

San Salvador es el punto de partida para conocer la geografía nacional. Las playas de La Libertad y el Tunco, dos departamentos a aproximadamente 38 kilómetros de la ciudad, son visitadas anualmente por miles de turistas que desean practicar surf.

También está la Joya del Cerén, un pueblo de hace 1.400 años que tras una erupción de la laguna Caldera quedó abandonado y preservado. Hoy a sus restos arqueológicos (que están a 35,5 kilómetros de la capital) se les conoce como la “Pompeya de América” y son Patrimonio de la Humanidad según la Unesco.

Desde San Salvador, se expresa el espíritu de un país, con ecos continentales. Su grito de independencia, el 5 de noviembre de 1811, fue el primero que se dio en Centroamérica. También, en 1935 fue la primera ciudad centroamericana en ser sede de los Juegos Centroamericanos y del Caribe y, el 2 de febrero de 1992, fue donde se firmó el tratado de paz que puso fin a la guerra civil salvadoreña que duró doce años.

San Salvador en tres C

Comercio activo

Panorámica del Salvador del Mundo en San Salvador

San Salvador tiene una variada oferta de centros comerciales. En la zona oriental está Plaza Mundo, en el distrito de Soyapango. Es un complejo de 149 mil metros cuadrados, con 250 establecimientos. Allí está la primera estación que tuvo el Metrobus, inaugurado en 2013 como el eje central del sistema integrado de transporte de la ciudad.

El centro comercial Metrocentro fue el primero en inaugurarse en la ciudad. Sus puertas abrieron por primera vez en 1971, y hoy cuenta con casi 500 locales que reciben 2.4 millones de personas al mes.

Esta también Galerías, muy cerca del monumento al Divino Salvador del Mundo en la Colonia Escalón, en el noroccidente de la ciudad, muy llamativo por su arquitectura. Este centro comercial involucró en su estructura una casa colonial conocida como La Casona, construida en la década del cincuenta.

Al occidente, ya en los alrededores de la ciudad de Santa Tecla, están Multiplaza y la Gran Vía, que tienen amplias terrazas con cafés y bares, y casi 300 locales comerciales.

Comiendo pupusas (y algo más)

Fotografía de plato típico en San Salvador

San Salvador ofrece restaurantes exclusivos en la Zona Rosa, en la Colonia San Benito. También en la zona de Santa Elena –donde se ubica la Embajada de los Estados Unidos- en el suroccidente, terminando en la jurisdicción de Antiguo Cuscatlán.

En el occidente está el complejo de Plaza Futura, en la Colonia Escalón, en donde hay gran variedad de sitios de gastronomía internacional, con franquicias como Bennigan’s y Ruth’s Chris, entre otras.

El sabor gourmet salvadoreño también tiene su espacio en restaurantes como A Lo Nuestro o Típicos Margoth, en donde hay que probar la estrella de los platos locales: la pupusa (tortillas de maíz rellenas tradicionalmente de queso, pero que también se rellenan con otra variedad de ingredientes, como frijol o chicharrón).

Cultura y aventura

Vista de Artículo histórico en San Salvador

San Salvador se mueve entre estas dos facetas. El Museo Nacional de Antropología (MUNA) David J. Guzmán, tiene cinco salas de exhibición permanente y una sala temporal para mostrar la historia del país; también está el Museo de Arte (Marte), que, desde 2003, tiene exhibiciones y colecciones destacadas no solo salvadoreñas, sino de toda Centroamérica.

El Teatro Nacional, el más antiguo de la región, está en el centro histórico, y es reconocido sobre todo por su temporada sinfónica, que cuenta con cuatro funciones mensuales y termina con el gran concierto navideño del Coro Nacional de El Salvador.

Al sur occidente, a media hora de Santa Tecla, está Comasagua, un lugar que se ha convertido en un destino de turismo natural y de tours nocturnos, dada la belleza de su casco histórico. La población tiene fincas de café abiertas para visitas y recorridos ecológicos por sus alrededores.

Para los aventureros, una experiencia inolvidable es la de subir al volcán de San Salvador y disfrutar la vista panorámica de la ciudad, junto con una taza de las mejores variedades de café salvadoreñas. Al subir al volcán, se puede visitar el Lago de Coatepeque, conocido por sus aguas cristalinas y porque se puede practicar esquí, conducir una moto acuática o bucear.

¿Qué hacer en San Salvador?

Una ruta por el centro histórico

Si bien la fundación de la ciudad se remonta a 1525, las primeras edificaciones reconocidas datan de 1546 con la Plaza Mayor (hoy Plaza Libertad) y la iglesia consagrada al Santísimo Salvador del Mundo (el símbolo religioso del país). Para proteger esta relevancia histórica, la municipalidad declaró en 2015 como centro histórico a 203 manzanas.

Teatro Nacional de San Salvador

Vista interna del Teatro Nacional en San Salvador

Cuando el primer teatro de bellas artes de la ciudad fue destruido por un incendio en 1910, el poeta salvadoreño Arturo Ambrogi escribió: “óperas italianas, zarzuelas, dramas y prestidigitación, conferencias científicas, conciertos de caridad y filmes cinematográficos… todo se convierte en un sueño humeante”. Para recuperar el epicentro cultural de la urbe y disipar el humo de la destrucción, se construyó entre 1911 y 1917 el actual teatro, considerado monumento nacional por su arquitectura renacentista y porque por su escenario desfilaron personalidades salvadoreñas como el poeta Juan José Cañas y el escritor Francisco Gavidia.

Club la Dalia

Vista interna de billar la Dalia en  San Salvador

Cuando el cantante mexicano de rancheras Pedro Infante viajaba a la ciudad en la década del 50 solía visitar este billar, el más antiguo de San Salvador. El edificio en el que se encuentra, con columnas cuadradas decoradas con capiteles corintios y jónicos, se construyó en 1917 y hace parte del patrimonio histórico del centro por su arquitectura art nouveau. Lo que inició como una casa italiana de comercio, se transformó en 1937 en el billar más reconocido de la ciudad por su longevidad, pero también por sus fiestas.

Plaza La Libertad

Vista diurna de monumento en la Plaza la Libertad en San Salvador

Toda historia tiene un comienzo y la de San Salvador, ineludiblemente, empieza con esta plaza que se construyó en 1546 y cuya cuadrícula (al modo español) fue marcando la forma de la ciudad, el trazado de sus calles y la disposición de sus edificios hasta el siglo XIX.

Su nombre es un homenaje al grito de independencia salvadoreño, el primero de Centroamérica, que tuvo lugar el 5 de noviembre de 1811. En su centro, para conmemorar a los próceres de las rebeliones independentistas, se alza el ángel de la independencia: un monumento de 16 metros diseñado por el arquitecto italiano Francisco Durini en 1911.

Ruta arqueológica

Hasta la llegada de los españoles al continente en 1492, prosperó una región geográfica, cultural, política y económica que abarcaba desde el actual sur de México hasta el norte de Costa Rica. En este territorio se asentaron las culturas maya, mexica, zapoteca, olmeca, entre otras.

En medio de este florecimiento estaba el actual territorio de El Salvador. Desde su capital se puede recorrer la ‘Ruta Maya’: un trayecto por vestigios arqueológicos que preservan pirámides, templos ceremoniales, campos deportivos, centros económicos y reliquias prehispánicas. Los sitios están en departamentos cercanos a San Salvador, como La Libertad y Santa Ana.

Parque Arqueológico Cihuatán

Panorámica de parque Cihuatan en  San Salvador

En un valle que recorren los ríos Acelhuate y Lempa, está el sitio arqueológico más grande del país: sus 71,8 hectáreas guardan los vestigios arquitectónicos de lo que durante 300 años fue la ciudad de Cihuatán.

Este poblado, que prosperó entre los años 900 y 1200, estaba conformado por ocho barrios, una acrópolis que miraba hacia el oriente y un centro ceremonial construido hacia occidente. En estos vestigios arqueológicos se puede visitar el Museo Antonio Sol (llamado así en honor de quien descubrió las ruinas en 1929) en el que se muestran fotografías, dibujos y textos sobre la historia comercial, cultural y religiosa de Cihuatán.

Sitio Arqueológico Casa Blanca

Panorámica de rutas arqueológicas Casa Blanca en  San Salvador

Del año 250 a.C. al 250 d.C., en este lugar hubo un asentamiento maya que comerciaba obsidiana, cerámica y jade con otras ciudades de la época como Kaminaljuyú y Tazumal. Hoy sus seis hectáreas de conservación arqueológica protegen las seis estructuras arquitectónicas que sobreviven: 6 pirámides, la mayoría de ellas parcialmente enterradas.

Cuenta con un museo arqueológico (que expone vasijas, herramientas de trabajo y cerámicas halladas en las excavaciones) y un taller de añil: un espacio que, con apoyo del gobierno de Japón, fabrica prendas de vestir teñidas de azul, usando uno de los productos más importantes de El Salvador durante la colonia: el añil.

Ruinas de Tazumal

Panorámica de Tazumal en San Salvador

Su recuperación fue una carrera contra el tiempo: los habitantes del cercano pueblo de Chalchuapa extraían tierra, arena y piedras de este asentamiento para construir ladrillos. Fue en la década del cuarenta que el arqueólogo estadounidense Stanley Boggs inició el plan de exploración, investigación y conservación de lo que fue durante un milenio uno de los más prósperos asentamientos mayas en El Salvador.

Uno de los objetos más valiosos hallado en este lugar (que en lengua nahua-quiché significa Lugar en el que se consumen las almas) es la Estela de Tazumal, una escultura de 2,65 metros de altura que representa a una mujer ataviada con ropas ceremoniales.

San Salvador a través de sus museos

La historia museográfica de El Salvador es relativamente joven: el primer museo del país fue fundado en 1983 en la capital. Desde entonces, se han fundado alrededor de una decena de establecimientos entre esfuerzos gubernamentales, privados y mixtos.

Museo de la Palabra y la Imagen

Vista interna de museo en San Salvador

Por once años, tres veces al día, Radio Venceremos transmitió desde la clandestinidad los devenires de la guerra civil salvadoreña. Una réplica de esta estación radial, símbolo latinoamericano de resistencia y lucha, es exhibida en el museo (fundado tras el acuerdo de paz por el periodista venezolano Carlos Henríquez Consalvi, quien también fue el creador de la emisora en 1981).

En este lugar las fotografías también tienen un rol protagónico. A través de material recolectado para reconstruir la memoria salvadoreña, se presentan y explican con líneas de tiempo sucesos coyunturales del país como el levantamiento campesino de 1932 o la trayectoria eclesiástica del defensor de los derechos humanos Óscar Arnulfo Romero.

Museo de Arte Popular

Vista de arquitectura artística en San Salvador

El poblado de Ilobasco, a 57 kilómetros de San Salvador, es reconocido en el país por su tradición alfarera: a través del barro y de la arcilla, cerca de 80 familias artesanas crean vasijas, cacerolas, estatuas y máscaras. Pero el objeto más preciado de estos artesanos son sus miniaturas.

El Museo de Arte Popular exhibe 4.000 de estas piezas (llegando a medir las más pequeñas solo un centímetro) en su sala Dominga Herrera, llamada así en honor a la ceramista salvadoreña que expuso su obra en países de Centroamérica y en Estados Unidos.

Museo Forma

Este lugar es la génesis de la museografía en el país: fue el primer espacio de su tipo en la ciudad y su historia se remonta a 1983 cuando fue fundado por la artista salvadoreña Juliana Díaz (cuyas pinturas hacen parte de las aproximadamente 90 obras de la colección). La casa en la que funciona el museo, considerada patrimonio cultural de la nación por su estilo arquitectónico neocolonial, fue construida en 1920 y es obra del arquitecto Armando Sol Estévez.

Un viaje de color salvadoreño

A 70 kilómetros al occidente de San Salvador está Nahuizalco, la primera parada de la Ruta de las Flores, un recorrido que entra en el mundo rural de un país que exalta sus tradiciones en los mercados y festivales”.

Me dieron café desde la pacha (como se les llama a los biberones)”. Así se suele decir en El Salvador y no es una exageración. La cultura y economía del país históricamente han girado en torno al cultivo, procesamiento, comercio y, claro está, consumo de este grano. Por lo menos, desde mediados del siglo XIX.
Este es uno de los principales atractivos de la Ruta de las Flores, que atraviesa una zona históricamente cafetalera en el occidente del país, a un par de horas desde San Salvador, entre los departamentos de Ahuachapán y Sonsonate, región que limita con Guatemala.

El café solo es uno de los motivos que llevan cada año a más de un millón de personas a recorrer la Ruta, que debe su nombre a sus paisajes coloridos, adornados por flores, que pasan por Nahuizalco, Salcoatitán, Juayúa, Apaneca, Ataco y Ahuachapán.

Estos poblados se caracterizan por las actividades productivas con técnicas autóctonas, como la confección textil, el cultivo de plantas ornamentales, las artesanías en madera y la producción cafetera.

En Nahuizalco, la primera parada desde San Salvador, se encuentran las tiendas de productos hechos en palma: desde sombreros, abanicos, cestas, carteras y bolsos. Este poblado, el más importante en tradición indígena del país, también es famoso por sus tejidos autóctonos, hechos a mano en telares de madera.

Fachada de iglesia en San Salvador

Allí también se realizan eventos culturales como el Festival de los Canchules (‘mendigos’, en la lengua Náhuatl, y otra forma de llamar a los tamales), cada 1° de noviembre. Para esa fiesta los pobladores decoran con frutas y flores diferentes tipos de altares, y luego el jurado califica al mejor.

Los niños y adultos salen en la noche con las estampitas de un santo y, al ritmo de las campanas de la Iglesia San Juan Bautista, recorren todos los altares recitando en coro: “Ángeles somos y del cielo venimos, Canchules pedimos para nuestro camino”.

La tradición no termina al recibir los Canchules, ayote en dulce, frutas, pan y hasta chicha: a cambio de los regalos, hay que hacer una penitencia de un Avemaría o un Padre Nuestro como muestra de gratitud.

La Ruta sigue hasta Salcoatitán, a 79 kilómetros de San Salvador. Un municipio tan artesanal como Nahuizalco, pero más famoso por su festival gastronómico que ocurre cada fin de semana.

La yuca frita, el producto insignia de este poblado, acompañada de chicharrones o pepescas (pequeños peces de río, también fritos) satisface los paladares. Vale la pena probar estos platos en alguna de las yuquerías del parque central de Salcoatitán; así, de paso, pueden aprovecharse las ventas de bocadillos cercanas.

24 horas en San Salvador

Panorámica del atardecer en San Salvador

“¿Queda lejos?”, es una pregunta capciosa dentro de El Salvador. La playa que está más lejos de la capital queda a tres horas y media por tierra; llegar a un bosque nebuloso de montaña puede tardar 40 minutos, y visitar ciudades o pueblos representativos del país no requiere conducir más de tres horas.

Por eso, para un salvadoreño 90 minutos de recorrido es lejos, y lejísimos son tres horas. Pero cualquier visitante que venga de un país que tenga más de 20.000 kilómetros cuadrados sabrá que contar con una playa a 40 minutos de su hotel en la capital es como tenerla en el mismo barrio.

Para aprovechar un día en El Salvador, hay que madrugar. San Salvador ofrece buenas opciones de desayuno, tanto en hoteles como en pequeños ‘comedores’ de barrio, en donde se ofrecen los típicos frijoles volteados, plátano dulce frito, huevos revueltos, queso fresco y crema de nata.

La capital tiene una oferta muy variada de frutas frescas —como anonas, jocotes y mangos— y jugos. Y para acompañar, una taza de café salvadoreño —uno de los productos más importantes de la agricultura del país—, que va muy bien con el ‘pan dulce’ tradicional, hecho a base de miel de panela o jalea.

Saliendo por la Calle del Puerto hacia el sur, a 32 kilómetros están las playas de La Libertad. Es un recorrido de casi una hora a través de los bosques, que de vez en cuando dejan entrever el valle o la Cordillera del Bálsamo.

El Puerto de La Libertad fue clave para el comercio internacional del añil y el café desde 1869, cuando se construyó el muelle original. Hoy está dedicado a la pesca artesanal y alberga un mercado donde se ofrecen frutos del mar recién cosechados.

Los vendedores son amables, y suelen enseñar a los visitantes sobre las especies de peces e incluso comparten recetas típicas como la de la mariscada, uno de los platos más apreciados en esta región.

Los surfistas llegan de todo el mundo para aprovechar las aguas del Pacífico en La Libertad. Los que no practican este deporte, también pueden contemplar el espectáculo desde el extenso malecón, mientras toman de aperitivo un ceviche con una cerveza en alguno de los locales aledaños, como Baldizón, que lleva 19 años abierto en la zona.

Panorámica nocturna de la ciudad de San Salvador

A 20 minutos de La Libertad, están las playas de arena negra de El Zonte o El Sunzal, características del Pacífico. El paisaje se compone con pequeños chalets al filo de los riscos o en la playa misma.

Allí se puede disfrutar con alta cocina de mar en sitios como el Café Sunzal, Betos’s, La Casa de Frida, y recorrer corredores turísticos como la playa El Tunco, donde están los resort Boca Olas, Tekuani-Kal, Monkey Lala o La Guitarra, por mencionar algunos.

Partiendo de El Sunzal por la via de regreso a San Salvador, con un ligero desvío hacia el oriente a 50 minutos, está Comasagua, un pequeño pueblo ideal para tomar un café con fondue de chocolate y frutas, al frente de la impresionante Cordillera del Bálsamo, en El Mirador de Giralda.

Ya en tierras altas, entre Comasagua y la capital, se pasa por el bulevar Monseñor Romero para tomar la Calle al Volcán durante 25 minutos, hasta las decenas de terrazas de fincas convertidas en cafés, bares y restaurantes. Es el caso de Las Brumas, Café San Fernando o La Plaza Volcán, todos a 20 minutos de San Salvador.

Al cerrar la tarde, un buen plan es caminar al filo del cráter del Boquerón, la boca del volcán vecino a la capital, que tiene un kilómetro y medio de diámetro y está a 1.800 metros sobre el nivel del mar. Desde allí es posible recorrer con la mirada gran parte del territorio salvadoreño, incluso las montañas más altas y próximas de Guatemala y Honduras.

De regreso en San Salvador, a la hora de la cena, hay que buscar las pupusas — tortillas de maíz artesanales que suelen ir rellenas de queso y otros ingredientes, como fríjol refrito o chicharrón— y otros platos típicos en el municipio de Antiguo Cuscatáln, cerca al Jardín Botánico.

Otros gustos más refinados pueden buscar cocina gourmet en restaurantes como Benito, la Gastroteca o II Bongustaio, o disfrutar las costillas o salchichas alemanas con cerveza artesanal en Cadejo.

Para cerrar el día, una buena opción es disfrutar la vida nocturna de la capital salvadoreña en los bares de la Zona Rosa, Multiplaza, La Gran Vía o el Paseo el Carmen, de Santa Tecla.

Dónde comer

Plaza Futura, ubicada en el Paseo General Escalón, contiguo al World Trade Center, cuenta con 17 establecimientos que incluyen restaurantes y cafés. Otra opción es la calle del Boquerón, ubicada a 20 minutos del casco urbano de la ciudad, cerca al Parque Nacional El Boquerón. Un tramo de 12 kilómetros en donde se recorren miradores, para obtener una de las mejores vistas del Volcán de San Salvador y entrar a alguno de los ocho cafés y restaurantes de la zona. Aquí la oferta incluye platos tradicionales salvadoreños y café de origen local.

La cuota cafetera 

Los siguientes municipios son Juayúa, Apaneca, Ataco y Ahuachapán. Son las joyas de la corona del café salvadoreño, famoso por su sabor mucho menos ácido que el de otros cafés considerados gourmet en el mundo.

Se puede disfrutar una taza de café salvadoreño en una casona colonial, en donde funcionan cafeterías y restaurantes que dan la sensación de un viaje al pasado. Allí también se puede practicar caminata, cabalgata, circuitos de cuerdas altas y excursiones en bicicleta de montaña.

Dentro de las atracciones destacadas de los municipios están los Chorros de la Calera, una vistosa cascada en Juayúa; las rutas de canopy y los viajes en vehículo todo terreno hasta la Laguna Verde y de las Ninfas en Apaneca; y en Ahuachapán, los ausoles termales, la iglesia colonial Nuestra Señora de la Asunción y el paseo peatonal La Concordia.

Restaurantes

Típicos Margoth

Restaurante colorido, Típicos Margot en San Salvador

En una pequeña casa del municipio de Santa Tecla, en la zona de La Libertad, hace 56 años doña Margoth Portillo de Castellanos fundó el primero de los cinco restaurantes de la misma marca que existen en el área metropolitana de San Salvador. El lugar se fue convirtiendo, con el tiempo, en una de las mejores “pupuserías” (sitio en donde se preparan pupusas, plato tradicional salvadoreño que consiste en una tortilla de maíz o arroz hecha a mano y rellena con queso, chicharrón, frijoles, camarón o pescado).

Adicional a las pupusas, dentro del menú se destacan los pastelitos (envueltos a base de masa de maíz y rellenos de carne de res o de pollo con verduras). Así como, los plátanos fritos, los tamales salvadoreños (envueltos en hoja de guineo, a base de masa de maíz blanca y con achiote, carne de pollo o de cerdo, judías verdes y papa en el centro) y los nuégados (albóndigas de masa de harina que se fríen y se acompañan de una salsa de caña de azúcar) con chilate (bebida a base de chile, maíz tostado, cacao, anís, pimienta, jengibre y canela).

Restaurante Raíz

Vista de restaurante Raiz en San Salvador

Alexander Herrera -recientemente nombrado Chef Innovación 2018 por el mayor festival de comida de El Salvador- junto con la cocinera y pastelera Grace María Navarro y el cocinero Gerardo Segovia son los creadores de Raíz, un restaurante que parte del concepto pop up, es decir, que no tiene un lugar fijo ni tampoco un horario de servicio definido. Por ejemplo, este año solamente “abrió sus puertas” en cuatro ocasiones con su propuesta de comida salvadoreña contemporánea.

Estos tres cocineros, se inspiran en los bosques, la cultura y la historia que tiene el país para desarrollar su propuesta gastronómica, gracias a un arduo trabajo de campo. “Lo que nosotros hacemos es una cadena cultural, recolectamos información y buscamos la manera de contar las historias salvadoreñas a través de técnicas que le aplicamos a nuestros platos, el resultado es una fusión”, dice el cocinero Alexander Herrera.  

Platos típicos

  • Pupusas: tortillas de maíz o arroz hechas a mano y rellenas con queso o chicharrón, frijoles, camarón o pescado.
  • Tamales: envoltorios de masa de maíz, rellenos de pollo, cerdo y cochinita pibil (carne de cerdo deshilachada adobada con achiote) y elote (maíz o choclo).
  • Gallo en chicha: gallo o gallina remojada en chicha salvadoreña (bebida a base de la fermentación de granos de maíz, cáscaras de piña y jengibre) y panela.
  • Nuégados: albóndigas de masa de harina que se fríen y se acompañan de una salsa de caña de azúcar.

Un cocinero: Lorenzo Álvarez

Nació en Estados Unidos, pero se crió en El Salvador, y actualmente es uno de los más importantes representantes de la cocina del país. Su pasión por experimentar e innovar lo ha llevado a ser reconocido como uno de los cocineros más creativos del país centroamericano. En sus restaurantes Mandala Seafood y El Encanto Country Club, propone una cocina que explora los sabores locales, pero también le da espacio a las cocinas internacionales. Su experiencia lo llevó a ser jurado de uno de los realities de cocina más importantes de la televisión salvadoreña: “Top Chef El Salvador” en 2016.

Una receta: elotes locos

Elotes locos, comida típica de San Salvador

Las pupusas son el plato más icónico de El Salvador, pero los elotes locos ocupan un honroso segundo lugar. Este platillo se puede probar en la mayoría de los puestos callejeros o ferias gastronómicas tradicionales de la ciudad.

Para 2 porciones

Ingredientes:

  • 1 elote (mazorca de maíz tierno). 
  • 1 palillo 
  • Mayonesa 
  • Salsa de tomate 
  • Mostaza
  • 1 taza de queso rallado

Preparación:

  1. Cocina el elote en agua hasta que esté blando.
  2. Inserta un palillo grande en el elote para sostenerlo.
  3. Cubre el elote con mayonesa.
  4. Aplica unas líneas de salsa de tomate y mostaza alrededor del elote.
  5. Cúbrelo todo con queso rallado.

Eventos Diciembre 2018

Muna de Noche

Por cuarto año consecutivo el Museo Nacional de Antropología abrirá sus puertas algunas noches decembrinas para que sus visitantes puedan disfrutar de una velada cultural que incluye presentaciones de danza, teatro, música, talleres, cine y recorridos guiados por sus salas de exposiciones permanentes a partir de las 5:00 p.m.

6, 12 y 18 de diciembre
Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán (MUNA).

Retrospectiva Antonio Cañas

En el marco de la conmemoración de los 160 años de la Cancillería salvadoreña, el Ministerio de Relaciones Exteriores cerrará las exposiciones de 2018 con la presentación del artista salvadoreño Antonio Cañas y su obra “Retrospectiva”, muestra que se compone de 37 pinturas que reflejan la versatilidad de su técnica, observación e interpretación de la realidad.

Del 21 de noviembre al 21 de diciembre
Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador

Concierto de Willie Colón

Uno de los más reconocidos exponentes del género de la salsa: Willie Colón estará en concierto en la capital salvadoreña. El “Malo del Bronx”, como le dicen, está celebrando 50 años de trayectoria musical y los festejará con canciones como Talento de televisión, Gitana e Idilio, entre otros de sus éxitos.

15 de diciembre
Centro Internacional de Ferias y Convenciones de El Salvador (CIFCO)

 

Eventos Febrero 2019

X Congreso Latinoamericano de Paleontología El Salvador 2019

Por primera vez El Salvador será la sede del congreso y en esta oportunidad abarcará temas como: paleobotánica, paleozoología, evolución y paleontología, a través de cinco conferencias magistrales y cinco simposios. Entre sus ponentes se encuentra Antonio Lizcano, el primer latinoamericano en presidir la Sociedad Internacional para el Estudio del Origen de la Vida (ISSOL).

Del 4 al 8 de febrero de 2019
Museo Nacional de Antropología Dr. David J. Guzmán

 

Eventos Marzo 2019

El Salvador Metal Fest 2019

El festival más representativo del metal salvadoreño llega a su edición número 24 en 2019. Previo a la presentación de las bandas, habrá una venta de discos, camisas y otro tipo de recordatorios de las bandas participantes. Hasta el momento no se ha confirmado el line up, pero próximamente será publicado por su organizador oficial: Rockers El Salvador.

30 de marzo de 2019
Estadio Nacional Jorge “El Mágico” González

 

Eventos Julio 2019

Consuma 2019

Esta será la edición 31 de la feria comercial y de entretenimiento más grande del país, una tradición que se engloba con las fiestas patronales de San Salvador, llamadas Fiestas Agostinas, que se celebran del 1 al 6 de agosto todos los años. El programa de actividades cuenta con un parque de diversiones, la presentación de artistas musicales, actividades deportivas y en paralelo, la oferta comercial de 500 expositores que ofrecen ropa, calzado, accesorios de belleza y artesanías.

Del 26 de julio al 6 de agosto de 2019
Centro Internacional de Ferias y Convenciones de El Salvador (CIFCO).

 

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